
DE LA CAMILLA AL DIVÁN
Fecha: 18/05/2007
La disciplina de la psicología no es excluyente: Siguiendo las normas del método científico, se sitúa análogamente a la ciencia médica para considerar al ser humano que sufre como una totalidad. Aún así, lo más común es ver como el proceso asistencial empieza con los profesionales del soma para acabar, a veces, con los de la mente. Efectivamente, el paciente se dirige al psicólogo para jugar en su consulta su última carta. O sea si los médicos ven un síntoma naciente, los profesionales de la mente lo ven cuando ya él que lo padece, o él que lo ve en los demás, no encuentra “más remedio” que ir al diván, entregarle las intrigas que lo amargan, y los enigmas que nadie puede entender. Encontrar un otro disponible y dispuesto a darle una respuesta.
Esos intercambios de setting, de la camilla del médico al diván de los atascos mentales, del saber del médico al saber del inconsciente, de la certidumbre a la convicción, fijarán no sólo el diagnóstico, sino también el tratamiento que se establecerá a continuación. Inquietante este pasaje tan abrupto, como si de otro cuerpo se tratara cuando solamente se habla de apertura del inconsciente. El paciente enferma de malentendidos, y se pierde en los desfiladeros de su propia trampa. El psicólogo le permite un encuentro con sí mismo. Se sitúa muy cercano a él para escuchar su queja, y aguza el oído a su sufrimiento, para luego otorgarles un sentido. A partir de ahí, se plantea una relación profesional-paciente que tiene un proyecto común: El bienestar del segundo. En cuanto al médico, se acerca directamente a la patología del paciente, a la parte de su cuerpo que no funciona bien, y pone en marcha todo su conocimiento para la toma de decisión sobre el tratamiento – protocolizado - a seguir, según unos criterios diagnósticos, y después de la batería de pruebas sistemáticas que lo escudarán.
No obstante, la excelencia del profesional de la salud, sea mental o física deriva de la capacidad que tendrá éste en capacitar al paciente para participar en su propia curación, y recuperar el equilibrio roto, entendiendo por equilibrio, la definición que le otorgará el propio paciente. No es tarea fácil. La promoción de la salud implica autoconciencia por parte del profesional, autoevaluación, empatía, autocontrol emocional, muchos tropiezos, y compromiso con uno mismo, con la sociedad y con el paciente.
Debido a que la falta de salud, sea mental o física, entorpece la vida con la misma intensidad, bajo mi parecer, el médico y el psicólogo, deberían trabajar conjuntamente. Dónde no alcanza uno, llega el otro. Ambos se sostienen del mismo principio que es ayudar al enfermo a recuperar un estado óptimo de salud, y/o de felicidad. Ambos están comprometidos con su deber hacia una sociedad menos enferma.
Creo que la excelencia del sistema sanitario sólo se puede esbozar sumando la Efectividad con la Afectividad. Son compatibles y complementarios. ¿No será que hace falta poco para transformar un mito en realidad?
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(junto pza Francesc Maciá) |
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